Río Tomayate: cementerio de animales prehistóricos
de Apopa Carmen Molina Tamacas (Periodista)
tamacas@yahoo.com
Apopa es una ciudad que ha crecido a fuerza de alojar muchas
fábricas y tener como principal acceso la Carretera Troncal
del Norte, vía que de San Salvador conduce a "El
Poy", la frontera con Honduras.
Para llegar allí es indispensable luchar durante 12 kilómetros
con el tráfico de los furgones repletos de mercadería
y los autobuses interdepartamentales que viajan hacia el norte
del país.
El respiro de alivio ocurre al divisar una gasolinera -a la
izquierda- que sirve como punto de referencia para ubicar la
entrada a este municipio de 400 mil habitantes.
Esa estación de combustible sirvió como punto
de encuentro en abril del año pasado cuando emprendimos
la búsqueda de una barranca que había guardado
un secreto durante varios miles de años.
Un humilde albañil
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"Yo les decía a los cipotes que tenía
los huesos de un dinosaurio y cuando se los enseñé
me creyeron"
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La calle que serpentea los contornos del cementerio municipal
nos condujo hacia una empinada y empedrada pendiente, donde
nos aguardaba don Teófilo Reyes Chavarría, un
humilde albañil de 40 años que vive con su familia
en una pequeña vivienda de lámina.
En un depósito de plástico rosado y envueltos
en bolsas y papel periódico reposaban fragmentos de osamenta,
un molar del tamaño de una mano humana y una porción
de algo que parecía un colmillo gigante.
"Yo les decía a los cipotes que tenía los
huesos de un dinosaurio y cuando se los enseñé
me creyeron", comentó entre risas.
El director del Museo de Historia Natural, el paleontólogo
Daniel Aguilar no puso atención a la broma. Absorto primero
y eufórico después, aseguró que los huesos
no pertenecían a un dinosaurio, sino de un mastodonte,
un animal más grande que un elefante asiático,
que vivió en nuestras tierras hace aproximadamente tres
millones de años.
Además de Aguilar, la primera inspección oficial
incluyó al arqueólogo Fabricio Valdivieso, al
director de Comunicaciones del Consejo Nacional para la Cultura
y el Arte (Concultura), el biólogo Ricardo Ibarra, un
colega fotoperiodista y yo.
Ninguno contaba con que tendríamos que descender hacia
un barranco de unos siete metros insertando las botas entre
las raíces de un árbol de amate con el auxilio
de un lazo viejo para llegar hasta la ribera de uno de los ríos
más contaminados del Gran San Salvador: el Tomayate.
El manto lechoso avanza arrastrando las aguas negras y los desperdicios
de casi todas las comunidades ubicadas en los contornos de la
Troncal del Norte. Pero el interés científico
y periodístico por conocer el sitio exacto en el que
don Teófilo encontró los restos fosilizados del
mastodonte privó sobre el riesgo y la insalubridad.
Así, bajamos uno por uno hacia el pequeño margen
de unos cuantos metros donde no cabía alguien además
de los presentes. Con algunos instrumentos en mano, Aguilar
escarbó levemente en uno de los paredones que sirven
de margen al caudal del río y descubrió más
huesos fosilizados.
Un gran cementerio prehistórico
Increíble pero cierto: los "huesitos" que
guardaba don Teófilo eran una pequeña muestra
de lo que existe en este lugar. Decenas de salientes en medio
de la tierra y de enredadas raíces de los árboles
-visibles sólo para los ojos de un científico
como Aguilar- revelaron que el lugar es un gran cementerio de
grandes animales prehistóricos.
El mismo día, Aguilar informó a los titulares
de Concultura que era necesario hacer excavaciones en el lugar.
Mientras, yo me encargué de redactar un reportaje especial:
El 1º. de abril de 2001 -apenas dos meses después
de que gran parte del país fue dañado por dos
terremotos- se convirtió en la fecha oficial del descubrimiento
del yacimiento de fósiles más grande y diverso
de Centroamérica.
La curiosa noticia fue retomada por casi todos los medios de
comunicación, nacionales e internacionales como en prensa
escrita, televisión e Internet. Una cucharada de ciencia
y conocimiento para la población entre la apretada agenda
periodística saturada de crónicas policiales,
judiciales y políticas.
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