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Hablemos sobre fósiles

El Salvador es parte de un territorio que terminó de emerger del mar hace unos dos o tres millones de años, para convertirse en un "puente" entre el norte y el sur de América.

Ocurrió entonces un fenómeno de gran interés para los científicos que estudian la historia de la vida en nuestro planeta: muchos animales del sur de emigraron hacia el norte, utilizando nuestros territorios como puente… y viceversa. Muchos hicieron de lo que más tarde se convertiría en Centroamérica su hogar.

Ese "Gran intercambio" fue decisivo para el desarrollo de la futura biodiversidad de la región, ya que sólo los animales que se adaptaron al nuevo medio sobrevivieron.
Por eso, ningún salvadoreño o centroamericano debería extrañarse de que el subsuelo albergue esos secretos. El problema es que no ha habido interés de los sucesivos gobiernos para financiar estudios que nos los revelen.

Los pocos documentos que existen en El Salvador respecto a los yacimientos de fósiles fueron dejados por particulares que los estudiaron -algunos empíricamente, otros científicamente- en diferentes momentos desde finales del siglo XIX.
Antes del importante descubrimiento en las riberas del río Tomayate sólo se había registrado algunos eventos de la misma naturaleza: Los naturalistas David J. Guzmán, Jorge Lardé y su hijo Jorge Lardé y Larín notificaron la existencia de varios yacimientos de fósiles pero no los investigaron de manera formal.

No obstante, entre 1941 y 1942, una expedición de científicos de la Universidad de California en Berkeley realizó un estudio geológico de El Salvador auspiciado por The Geological Society of America. R.A. Stirton y William K. Gealy reportaron numerosos lugares con fósiles, entre los cuales destaca El Hormiguero -en San Miguel- donde fueron encontrados restos de animales del período Pleistoceno Tardío.
En 1958, el académico Tomás Fidias Jiménez, jefe del Departamento de Excavaciones Arqueológicas del gobierno, presentó ante el 33º. Congreso Internacional de Americanistas, el resultado de su investigación sobre el hallazgo de un mastodonte en "Las Víboras", San Vicente.

Stephen Perrigo y David Webb realizaron otro estudio acerca de la fauna vertebrada del período Cenozoico Tardío en Honduras y El Salvador, mientras el primero colaboraba en el Museo de Historia Natural de El Salvador como parte de la delegación de los Cuerpos de Paz de Estados Unidos.

Los demás países de la región han corrido la misma suerte: descubrimientos accidentales y poca investigación. Sin embargo, el Gobierno de El Salvador tomó cartas en el asunto y armó un equipo de especialistas para rescatar los fósiles: paleontólogos, restauradores, arqueólogos y personal del Museo Nacional de Antropología "David J. Guzmán" y del Museo de Historia Natural. Entre los ayudantes se encontraba don Teófilo -quien descubrió los fósiles- y su hermano Francisco.

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